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El golfo místico
2 diciembre2013

Cuando hablamos de golfo místico no nos referimos a una misteriosa bahía ni a un truhán que se dedica a la vida espiritual, sino al foso de la orquesta utilizando una expresión de uno de los compositores de ópera más importantes de toda la historia de la música: Richard Wagner.

El músico, del que se celebra este año el bicentenario del nacimiento, definió así el espacio que reservó a los instrumentos en el teatro que hizo construir expresamente para la representación de sus óperas en la ciudad alemana de Bayreuth.

Foso de la orquesta del Bayreuth Festspielhaus

Bayreuth Festspielhaus orchestra pit (CC BY-SA Friera en Wikimedia Commons)

Wagner no fue el primero en poner a la orquesta en un foso, pero sí en esconderla totalmente a la vista del público, no sólo por razones visuales (evitar que los espectadores se distraigan con las luces de los atriles y los gestos del director), sino también y sobre todo acústicas: mientras en todos los demás teatros del mundo el público recibe el sonido de los instrumentos directamente, en el templo de la música wagneriana de Bayreuth la orquesta envía su sonido hacia el escenario. De esta manera el compositor pretendía compensar el equilibrio sonoro entre cantantes e instrumentos.

Este escenario hospeda anualmente el Festival de Bayreuth dedicado al músico alemán, cuya primera edición se celebró en 1876 y del que toma nombre el teatro mismo: Richard-Wagner-Festspielhaus. Si pasáis por esta ciudad bávara podéis improvisar una visita al edificio, pero si lo que queréis es escuchar una de las óperas en la cartelera del festival, ya podéis ir reservando para el 2023, pues la demanda es alrededor de 10 veces superior a la disponibilidad de plazas.

Imagen de cabecera: Bayreuth Festspielhaus, CC Rico Neitzel en Wikimedia Commons.

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Comida rápida con historia
1 diciembre2013

En toda visita a Berlín es aconsejable aprovechar la ocasión para sentarse en alguna taberna típica y degustar algunas de sus especialidades gastronómicas, generalmente unos platos muy contundentes, como el Eisbein, codillo, o el Kasseler, chuleta ahumada, ambos de cerdo y generalmente acompañados de chucrut y naturalmente de abundante cerveza.

Currywurst

Currywurst, PD Wikimedia Commons

Pero tampoco hay que despreciar otro plato muy típico de la tradición alemana, que puede pasar desapercibido para el visitante despistado, que fácilmente puede llegar a considerarlo comida basura por parecerse mucho al perrito caliente y venderse principalmente en puestos callejeros: el Currywurst.
Sin embargo, es lo ideal para reponer fuerzas sin restar mucho tiempo a las visitas turísticas, por ejemplo a los diferentes museos que llenan la isla a la que dan nombre.

El plato es muy sencillo ―consiste en una salchicha cocida y aderezada con ketchup (u otra salsa a base de tomate) y curry en polvo―, aunque nos llega cargado de historia: poco después del final de la Segunda Guerra Mundial, allá por el 1949, a una señora de nombre Herta Heuwer se le ocurrió aliñar de esa manera las salchichas que vendía en el cruce entre las calles dedicadas al filósofo Kant y al emperador Federico, en el barrio de Charlottenburg, el centro comercial de la ciudad recién partida en dos. Diez años después, Herta registró su receta y trasladó su negocio a un gran restaurante que estaba abierto día y noche y contaba con 19 empleadas. Así que os recomendamos que la próxima vez que os encontréis en Berlín, recordad a esta creativa y emprendedora mujer saboreando una sabrosa Currywurst.

Imagen de cabecera: Currywurst Med Toast, CC BY-SA cyclonebill en Flickr.

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